Parto en casa de Julieta

parto-en-casa

Junto con todos los mensajes de cariño que hemos recibido por el cumple de Julieta, también llegaron muchos, muchísimos mensajes preguntando cómo fue parir en casa, por qué tomamos esa decisión, si Martina estaba o no presente… La historia del nacimiento en casa de Julieta la he rememorado, escrito y contado tantas veces que tengo la sensación de repetirme mientras escribo este post, pero ahora hay un montón de personas ahí que no estabais hace dos años, y me apetece compartirlo con vosotros también.

¿Por qué parir en casa?

El parto de Martina fue en hospital. Es cierto que hubo un momento en el que pensé en parir en casa, pero no me sentía segura. Supongo que la inexperiencia y el no saber qué pasaría hizo que me decantara por la opción hospitalaria. Me cambié de hospital a uno que sí respetara mis deseos en cuanto al parto, y Martina nació en un parto largo, muy duro, pero sin medicalizar y bastante acorde con lo que yo quería, pero durante la estancia postparto en el hospital, en lo único en lo que podía pensar era en lo bien que estaría en casa…

Cada vez que pensaba en tener otro bebé, no me imaginaba volviendo al hospital. No podía pensar en separarme de Martina, ni en volver a pasar por un postparto hospitalario sino que pensaba en nuestra casa, nuestro salón, nuestra cama, nos imaginaba juntos y en total intimidad.

Cuando el embarazo llegó, me puse en contacto con el equipo de Ancara perinatal y supe que ellas serían las adecuadas para atender el parto de Julieta en casa. Anabel, la matrona, me aportó confianza desde el primer momento, confianza y normalidad, eso era justo lo que necesitaba. Estaba llevando un embarazo normal, de un único bebé, y tenía un hospital a menos de 30 minutos, así que cumplía varios requisitos para poder llevar a cabo un parto en casa. La decisión estaba tomada.

Embarazo

Durante los meses de embarazo llevé los controles normales en el hospital, las típicas ecos y poco más, puesto que el tema del azúcar lo llevé por mi cuenta con un glucómetro, para tener una info más real . Elegí el hospital de Torrejón porque a pesar de estar bastante lejos de casa, sabía que sería bien recibida si durante el parto decidíamos hacer un traslado por cualquier motivo. Finalmente no hizo falta, pero fue estupendo contar con el apoyo del personal que me atendía cuando comentaba con ellos que pariría en casa.

Desde la semana 37, tanto Anabel como Paca, la doula que acompaña en los partos que lleva Ancara, me visitaban en casa y hablábamos de los preparativos, de cómo nos sentíamos, nos daba consejos y apoyo y cogían confianza con Martina para que el día “D” no las viera como extrañas cuando llegaran a casa. Fue un final de embarazo dulce, confiado, ansiando que llegara el momento del parto.

Preparto

Justo el fin de semana que yo salía de cuentas (19-20 de octubre), coincidía con mi formación de doula, y coincidía también que Anabel, mi matrona, era la ponente principal de esa jornada. Mis compañeras de formación bromeaban con la idea de que podría ponerme de parto en cualquier momento porque mi matrona iba a estar allí mismo, pero yo estaba especialmente sensible y desanimada por que veía que mi FPP llegaba pero Julieta no. El sábado por la noche volví a casa sintiéndome cansada y con la esperanza de que esa misma noche nacería Julieta, pero el domingo me desperté como si nada, más fresca que una rosa, hasta que mientras desayunábamos, sentí como fisuraba la bolsa y un poco de líquido amniótico salía. El viaje había comenzado.

En seguida se lo dije a mi chico y envié un mensaje a mi matrona. El parto había comenzado exactamente igual que el de Martina, fisurando la bolsa por la mañana temprano y sin contracciones, así que decidí irme a mi formación de doula. Quedé con Jose en que él se quedaría por un parque cercano con Martina por si de repente comenzaba a encontrarme mal, pero la realidad fue que cuando llegué y puse a mis compañeras al corriente de la situación, me sentí tan arropada, acompañada y sostenida, que no hubiera deseado estar en otro lugar. Las contracciones iban y venían flojitas, y siempre había alguien a mi lado dándome apoyo: verdaderamente fue muy especial.

Parto

Terminó la sesión y quise irme a casa a estar con mis cosas, en mi espacio. Comimos algo y me puse a limpiar (manías de parturienta, no preguntéis) mientras Martina y Jose veían la peli de “Enredados”. Intenté acostarme (después de dejar todo como una patena), pero las contracciones ya no me dejaban descansar y ninguna postura me parecía buena. Eran ya las 17:00 y llamé a mi matrona para decirle que el momento estaba cerca.

Jose y Martina se fueron a merendar a casa de mis padres porque habíamos quedado con ellos hacía unos días, y no queríamos “crear alarma”. Decidí que muy pocas personas sabrían que Julieta iba a nacer en casa, y sabía que aunque corría el riesgo de que se enfadaran un poco, les hacía un favor no contándoselo. Ellos estarían más tranquilos y yo también.

Yo me quedé en casa mientras, llenando de agua calentita la mini bañera de nuestro baño para llevar mejor las contracciones al igual que había hecho con Martina, y al poquito llegaron Anabel y Paca y me encontraron a oscuras metida en la bañera. No quería luces, no quería ruidos… sabía que la dilatación estaba avanzando muy rápido pero eso también conllevaba que la intensidad de las contracciones fuera muy grande. Las dos respetaron en todo momento mis deseos de soledad y silencio, y como mucho se asomaban para comprobar que yo estuviera bien.

A la hora más o menos quise salir de la bañera e irme a la cama. Cuando llegué todo estaba amorosamente dispuesto, cojines, mantas, empapadores, y la toalla de bambú que envolvería a Julieta al nacer. Ya faltaba muy muy poco.

Expulsivo

Sabía que iba a pasarme. No sé por qué intuía que como con Martina, la dilatación sería en tiempo record pero el expulsivo me llevaría siglos. Me acomodé en la cama a cuatro patas, agarrada al cabecero, y poco a poco comenzaron los pujos. Todos los recuerdos de entonces están bañados por una neblina y hay detalles que se me escapan. Quienes habéis tenido partos sin medicación sabréis que el cuerpo se “dopa” a sí mismo, y llegan un momento en el que sientes de todo, menos dolor, y estás como en un sueño extraño.

Oí que Jose y Martina entraban por la puerta, y me relajé. No quería que la peque naciera y no estuvieran allí, así que ahora sí que todo estaba listo. El expulsivo fue laaaaargo pero en todo momento sabía que todo iba bien, que mi cuerpo estaba haciendo un gran trabajo, y que pronto tendría a Julieta en brazos.

Martina se portó como una auténtica campeona y en todo momento estuvo pendiente de lo que sucedía, animándome como la que más, queriendo ayudar a la matrona, viendo absolutamente todo sin censura, es más, fue la primera en tocar la cabecita de Julieta en cuanto asomó un poco, imaginaos lo bien que estaba llevando la situación… los niños siempre tan sorprendentes.

Y allí estaba, tras apenas dos horas y media de parto, Julieta llegaba al mundo a las 19:40 preciosa, calentita, recubierta de vérnix, y directa a mis brazos. Y yo sólo podía decirle “Ya estás con mamá mi amor, ya estás con mamá”.

parto-en-casa

Alumbramiento

Ya estaba. Tenía a mi bebé en brazos, a mi niña (recién convertida en “hermana mayor”) tumbada a mi lado en la cama, conociendo a la bebé, y a mi chico, que había confiado en mi ciegamente en todo momento al otro lado, dándome todo su amor. Esta era la manera en la que quería recibir a la pequeña de la casa, y no podía ser más feliz.

La placenta salió perfecta, y Anabel explicó a Martina (que estaba súper interesada en verla y tocarla!) en qué lado había estado apoyada Julieta durante todo el embarazo. Jose cortó el cordón que nos unía, y nos trasladamos al sofá arropadas con una manta mientras Paca volvía a hacer magia y dejaba la habitación lista y recogida para las dos, para los cuatro que ya éramos.

parto-en-casa

Postparto

Lo primero que hice cuando nos despertamos fue llamar a mi madre y decírselo. Sabía que la pillaría trabajando y que se iba a quedar en shock, pero la alegría de tener una nueva nieta fue mayor y sólo acertó a llorar de emoción y a darme la enhorabuena. Lo fui anunciando en redes sociales, y las felicitaciones y mensajes de cariño se fueron sucediendo a lo largo del día haciéndonos muy felices, y disfrutando de la intimidad que nos brindaba el estar en casa, conociéndonos poco a poco, y estableciendo la lactancia sin las interrupciones típicas del hospital.

parto-en-casa

A día de hoy puedo decir que fue una de las mejores decisiones que he tomado nunca, y que sin ninguna duda volvería a vivirlo. Es una decisión muy personal pero también informada y sopesada, y ambos éramos conscientes de que las posibles complicaciones se podían suceder igualmente en casa que en el hospital.

Actualmente, según la OMS, es igual de seguro parir en casa que en el hospital, y más recomendable en embarazos normales.

A los pocos días nos hicimos una sesión de fotos muy especial con la fantástica Jessica Davey, y todas las imágenes que ilustran este post son suyas.

Si tenéis cualquier pregunta, no dudéis en comentar. Intentaré contestar cuanto antes 🙂

¡Buen fin de semana a todos!

Anuncios

2

Beatriz-Millán

Julieta, Juliet, July, #sweetjulieta, pequeñita, terremoto, mi niña soñada… hoy cumples 2. Esos dos que llevas diciendo meses que ya tienes (no quieras crecer tan rápido, por favor, bebita mía), ya están aquí, ya es día 20.

Cada día de estos dos años a tu lado han sido un regalo, mi amor. Un regalo disfrutar de tu embarazo tranquilo y confiado. Un regalo tu nacimiento/mi parto en el calor de nuestra casa, en el calor de nuestra cama. Un regalo tu primera mirada, atravesándome, llegándome muy dentro, como si supieras las respuestas a todas mis preguntas…

… y a veces creo que las tienes, pequeña, porque tu actitud ante la vida me deja claro que sabes mucho más que yo de ella, y que he tenido la suerte de que me elijas para aprender de ti y de la alegría contagiosa que has traído contigo.

Beatriz-Millán

Beatriz-Millán

Han sido dos años preciosos, Julieta, y me siento tremendamente afortunada a pesar del cansancio y las rutinas, a pesar de la vida que a veces no nos deja disfrutarnos tanto como nos gustaría, a pesar de todas las cosas menos buenas que han pasado, estos dos años viéndote crecer cada día ha sido lo más gratificante que me ha pasado nunca, un regalo muy grande que voy a agradecer y recordar siempre…

Beatriz-Millán

Beatriz-Millán

Y aunque una parte de mi quiera guardarte para siempre así, entre bebé y niña, muero de ganas por verte crecer, por oírte hablar (más), por sacar ratitos juntas y a solas igual que hago con tu hermana, y marcharnos “de chicas”… de los 2 a los 3 dejarás de ser un poco mi bebé, y empezarás a ser un poco niña, y ¿sabes qué? tengo entradas en primera fila para no dejar de observarte, y no perderme ni un sólo momento de este nuevo año que te espera.

Beatriz-Millán

Feliz cumpleaños mi dulce Julieta, tus dos van a estar llenos de maravillas por descubrir y momentos que atesorar, y te prometo que voy a estar ahí acompañando cada uno de tus pasos, y sacándote muchas muchas fotos para contarte cuando crezcas todo lo bonito que viviste.

Te queremos muchísimo pequeñita.

 

 

La felicidad es una forma de vida

vacaciones-galicia-portosín

A los pocos días de volver de vacaciones me sorprendió la noticia de la muerte de una gran amiga. Digo me sorprendió por que a pesar de la gravedad de su enfermedad, no tenía ni la más mínima duda de que podría con ella. Su energía, su fortaleza, su vitalidad contagiosa eran un pase seguro para su curación, estaba claro.

Pero no.

Su marcha me ha impactado muchísimo, haciéndome reflexionar sobre lo verdaderamente importante y también sobre lo poco reales que son nuestros planes de futuro, por que el futuro es HOY, la vida es HOY, y lo que vivimos HOY es lo único que importa.

vacaciones-galicia-portosín

vacaciones-galicia-portosín

Siempre he intentado disfrutar de cada día, encontrar el equilibrio entre “deber” y “placer”. Dejar de pre-ocuparme y ocuparme cuando algo pasara realmente. Enfadarme poco y querer mucho. Reírme cada vez que puedo, hasta de mi misma. Estar con la gente que quiero e intentar hacerles felices, tomarme la vida “a sorbitos”, y desde ahora, con mucho más motivo.

Estoy a punto de cumplir 32 y no sé cuánto tiempo de vida me queda. Es una afirmación un tanto fuerte, pero es real, muy real. Peor que eso es no saber cuánto tiempo de vida le queda a las personas que más quiero, y no pienso malgastar ni un sólo segundo en algo que no sea disfrutar. Disfrutar todos los días, aunque no sea sábado, aunque no estemos de vacaciones. Todos los días son un regalo, y de nosotros depende qué hagamos con él.

vacaciones-galicia-portosín

vacaciones-galicia-portosín

vacaciones-galicia-portosín

Feliz vuelta  a todos los que ya os incorporáis a vuestra rutina, feliz espera a los que estáis a punto de marcharos, feliz día a quienes este año os quedáis sin vacaciones… Nosotros aún tenemos toneladas de ropa por lavar y maletas sin deshacer!

Lactancia materna y vuelta al trabajo, nuestra experiencia

Estamos en plena Semana Internacional de la Lactancia Materna y aunque mi idea era pasarme toda la semana lanzando post sobre mi experiencia con las niñas y como asesora de lactancia, con las vacaciones de por medio mis planes han cambiado un poco.

El tema de este año es “Amamantar y trabajar”, ya que en la mayoría de las ocasiones, la lactancia materna se abandona cuando la (ridícula e insuficiente) baja de 16 semanas llega a su fin.

Como asesora de lactancia, a menudo recibo muchas consultas sobre cómo continuar amamantando cuando toca incorporarse al trabajo y es que aunque cada vez hay más profesionales formados en lactancia materna, en  la mayoría de los casos el primer consejo por parte de los pediatras suele ser el destete y la introducción de leche de fórmula.

Es innegable que cada maternidad, bebé, trabajo y dinámica familiar es distinta, y es muy poco probable que los consejos que pueda dar aquí valgan para todas las madres que se enfrentan a esta situación, por eso cuento mi experiencia sobre el tema no como asesora si no como madre por si a alguien le viene bien.

semana-internacional-lactancia-materna

Vuelta al trabajo tras el nacimiento de Martina

Después de las (ridículas e insuficientes) 16 semanas de baja, a mí también me tocaba reincorporarme a mi por entonces trabajo, pero conseguí juntar las horas de lactancia con algunos días de vacaciones y un mes de excedencia para lograr los 6 meses de lactancia materna exclusiva que recomienda la OMS sin tener que separarme de Martina.

En principio no tenía pensado recurrir a la excedencia por que suponía estar un mes sin sueldo y tendríamos que hacer malabares, pero juntamos algo de dinero ahorrado y fue una de las mejores decisiones que he tomado nunca.

Llegaron los 6 meses y seguíamos sin estar convencidos de que fuera a una guarde, así que mi chico pudo cambiarse el turno de trabajo y quedarse con ella mientras yo trabajaba. Yo salía de casa cuando ellos aún dormían, y cuando  él llegaba las dormidas éramos nosotras así que no nos veíamos demasiado, pero fue la mejor fórmula que encontramos para disfrutar de ella y poder cuidarla nosotros mismos.

Como había juntado las horas de lactancia, ya no tenía tiempo para extraerme leche, pero sí tenía tiempo para desayunar, así que un rato de ese tiempo lo pasaba con mi sacaleches para descargar un poco el pecho. Era increíble como según pasaban los días mi pecho se ponía en activo cuando llegaba “la hora” y sentía la subida de leche. En ese tiempo apenas conseguía extraerme 150ml que guardaba en una neverita pequeña con una tablita de hielo y que Martina desayunaba en un biberón a la mañana siguiente cuando se despertaba sobre las 9:00.

Como ya tenía 6 meses, comenzamos a introducirle la alimentación complementaria siguiendo un poco nuestro instinto y el método “Baby Led Weaning” o alimentación libre de papillas y pures del que os hablé hace un tiempo aquí. Después de ese biberón matutino con mi leche, Martina probaba un poco de todo. Un poco de galleta, torta de arroz, un poco de plátano, pasta, patata cocida…

A las 15:00, me venían a buscar a la puerta de la oficina, y volvíamos a reencontrarnos durante unos minutos antes de llegar a casa y que Jose se marchara a trabajar.

Es cierto que tenía un horario fantástico que me facilitó mucho continuar con la lactancia. Que probablemente si hubiera trabajado por las tardes hubiera sido más complicado. Es cierto que hoy por hoy muy pocas empresas consideran la lactancia materna como un beneficio para ellas (a más tiempo de lactancia, más defensas, menos enfermedades, menos preocupaciones, más productividad). Pero lo único que fue decisivo para continuar dando de mamar a Martina después de mi “vuelta al cole” fue el apoyo que recibí de mi chico, que estaba tan convencido como yo o más de lo importante que era proteger como fuera esa relación entre nosotras.

Cuando Martina cumplió un año, decidimos que comenzaríamos a llevarla a la guarde algunas horas. Jose volvió a su turno habitual y yo dejé de extraerme leche pero nuestra lactancia duró casi 3 años.

Y hasta aquí nuestra experiencia. Si necesitáis más info sobre vuelta al trabajo y lactancia materna, aquí os dejo unos links que pueden resultaros de interés 🙂

ALBA Lactancia materna

IHAN

AEPED

El parto es nuestro

Y si queréis contarme o consultarme, podéis escribirme a madridmartinaandmyself@gmail.com

¡Me encantará conocer vuestras experiencias!

Historias de hermanas

A veces las miro y casi envidio su cercanía. Soy la mayor de tres y tardé 7 largos años en tener un hermano y 9 en tener una hermana, lo que en cierto modo ha condicionado nuestra relación y apenas hemos sido compañeros de juegos, pero ellas…

Ellas ya hace tiempo que no saben vivir la una sin la otra, especialmente por que Julieta se ha esmerado y mucho en aprender muy rápido todo lo necesario para “alcanzar” lo antes posible a su hermana, y mientras a nosotros nos cuesta un triunfo entender lo que dice su lengua de trapo, Martina parece tener integrado un diccionario bebé en su cabeza. Al fín y al cabo no hace tanto ella era igual y quizá aún lo recuerde…

Se despiertan juntas, dándose abrazos, juegan, se enfadan, se piden perdón, se ayudan, se cuidan, y yo sólo puedo mirar desde fuera con el corazón encogidito de felicidad y medio lagrimeando pensando en la suerte que tenemos de tenerlas, de que se tengan mutuamente.

Pero a veces también me da por pensar en lo “fácil” que era todo con una única hija. Tres años dándole todo mi tiempo, toda mi energía, todos mis besos.. y creo que a veces Martina también lo piensa. Lo mejor (y peor en algunos casos por que no puedes hacer como si no pasara nada, que es a veces lo más fácil), es que ella lo dice claramente “No me gusta que Julieta siempre esté con nosotras”, “Me gustaría que estuviéramos un rato juntas”… y siempre que puedo intento estar pendiente de estas peticiones y cumplir sus deseos. Algo tan fácil como escaparnos a por un helado gigante con toppings, al cine o al teatro, hace que volvamos con energías renovadas a compartirnos.

Supongo que para Julieta es diferente. Ella ha nacido la segunda y no conoce “la exclusividad” pero precisamente por eso es la que más saca a relucir sus encantos para que la mimemos sin parar y el hecho de ser la pequeña y en nuestro caso, la última, hace que sin querer la vea eternamente como a “mi bebé”.

Fuera de estos pequeños momentos en los que reclaman su espacio a solas con cada uno, a las dos les encanta la compañía de la otra y se buscan hasta para chincharse, como viene siendo lo habitual entre hermanos. A mí me han enseñado que cuanto menos intervenga en su juego o discusiones mejor, es más, si en algún momento vienen a contarme su batalla intento que “hablen” entre ellas dentro de lo que la lengua de trapo de Julieta permite y encuentren un punto en común. Con mucha seguridad su solución será infinitamente mejor que la que yo pueda ofrecer y de paso aprenden autonomía a la hora de resolver los conflictos entre ellas, y yo no me desespero haciendo de mediadora si no que se me cae la baba observándolas negociar.

Sé que todo lo vivido durante sus infancias será una base sólida para muchos “¿te acuerdas cuando…?” entre ellas dentro de muchos años cuando seguro seguirán riendo, y peleando, y negociando, y creciendo juntas en muchos sentidos.

Mañana por aquí el resumen de nuestras lecturas semanales del reto 365. ¡Os espero!

El día que Martina eligió su nombre

Martina

Hoy hace ya cinco años de uno de los momentos más duros que he vivido en mi vida, que he vivido como madre.

Acudía feliz a la consulta del ginecólogo, embarazada de apenas 12 semanas. Allí me harían una eco en la que vería a mi bebé y no podía estar más emocionada. Las primeras veces son tan especiales… Tumbada ya en la camilla y con la tripa al descubierto, tuve que tomarme un bombón para que se animara a moverse. En seguida su mini cuerpecito reaccionó al azúcar y empezó su baile.

Un bebito precioso. Un bebito perfectamente distinguible, no aquel “osito de gominola” de hacía semanas. Cabeza, tronco, bracitos, piernas, hasta se podían averiguar sus manitas.

Cuando tomaban las medidas comenzaron las caras raras, las miradas extrañas. Estaba embarazada pero conservaba todas las neuronas, y sabía que algo estaba pasando, y que ese algo no era muy bueno. Sabía que esas medidas eran importantes, había leído sobre el “pliegue nucal” montones de veces, sobre probabilidades, números, porcentajes. En unos minutos todo eran pros y contras, pruebas, resultados, esperas, dolor.

3,41 mm

1:60

1 posibilidad entre 60 de que tuvieras un cromosoma de más, un cromosoma 21 de más.

El ginecólogo que me atendió, me recomendó hacerme una “biopsia de corion” para descartar anomalías (o confirmarlas, pensé). No entendía nada de lo que me decía, no por que no se explicara si no por que en mi cabeza andaba en otros pensamientos. ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Qué riesgos tenía esa prueba? ¿Por qué me estaba pasando a mí si sólo tenía 26 años? ¿Era fiable?.

No quise pensar en nada más ni leer más sobre el tema. Pasé las 48 horas más angustiosas de mi vida, vomitando todo lo que no había vomitado los tres meses anteriores, esperando una llamada que me diera una respuesta, fuera la que fuera.

Descolgué el teléfono a toda velocidad. Mi amiga S estaba allí conmigo, con nosotras, en nuestro mini piso del centro con balcones llenos de luz, esperando esa llamada tanto como yo.

Era una niña, y tenía 23 cromosomas pares. De dos en dos. Ni uno más. Ni uno menos. Eras una niña y en ese momento te ganaste a pulso tu nombre, por que Martina significa “guerrera”, y tu primera guerra la ganaste dentro de mí.

Cuando me quedé embarazada de Julieta me replanteé si realizarme o no la prueba del triple screening por no ser una prueba diagnóstica, si no que se basa en el cálculo de probabilidades, unas probabilidades que se basan en muchas variables que pueden o no ser fiables, y que en mi caso supusieron 48 horas de infierno. Finalmente decidí no hacérmela y vivir mi embarazo tranquila y confiada en que pasara lo que pasara, sería para bien.

En estos 5 años he pensado muchas veces en ese día, en las decisiones que tomé, en qué habría pasado si esa prueba hubiera afectado a Martina, o si directamente hubiera provocado su pérdida, pero es momento de cerrar ciclo, dar gracias, y guardar esta historia para contarle a Martina el porqué de su nombre.

Me encantaría saber vuestras experiencias con las típicas pruebas en el embarazo y qué pensáis sobre ellas.

***La biopsia de corion tiene un porcentaje más alto de pérdida gestacional que la amniocentesis (del 1 al 2% de muerte del bebé). También hay estudios que indican que una biopsia de corion realizada antes de la semana 11 del embarazo puede conllevar defectos en las extremidades del bebé, como falta de dedos en los pies o las manos.

Hay un 1 por ciento de posibilidades de obtener un resultado positivo falso, llamado “mosaicismo placentario cerrado”, en el cual algunas de las células de la placenta analizadas contienen cromosomas anormales, pero el feto es normal. Por lo tanto, si la biopsia de corión detecta mosaicismo se recomienda hacer una amniocentesis para determinar si el bebé está realmente afectado. (Fuente: el Parto es Nuestro)***

Las mujeres de mi vida

Las mujeres de mi vida son muchas y variadas. Tienen más de 80, o no llegan a los 20 años. A algunas las puedo abrazar todos los días, a otras muy de cuando en cuando. A algunas otras, no las he abrazado nunca, pero he sentido su cariño sincero en momentos en los que las fuerzas me flaqueaban.

Las mujeres de mi vida son fuertes y sensibles, apasionadas y serenas, indefensas e invencibles a partes iguales. Lo mismo hacen disfraces para sus hijas que proyectos para grandes compañías. Pelean como gatas panza arriba por conciliar trabajo y familia, corren por las escaleras del metro para llegar lo antes posible a ver a sus hijos. Se informan y deciden sobre sus partos, sus lactancias, y tejen red con otras madres para enseñarlas lo que ellas aprendieron.

Día de la mujer

Mujeres con las que comparto árbol genealógico, otras que me trajeron los veranos en la playa, o que volvieron después de muchos años sin saber de sus vidas. Mujeres que logran sacarme una sonrisa en el café de la mañana, mujeres madres que he conocido al convertirme yo en madre,…

La historia de los tiempos se lee en los ojos de todas y cada una de ellas, y sus abrazos, reales o cibernéticos, me acompañan y confortan en días en los que no me apetece ni mirarme al espejo, en los que quiero bajarme del mundo.

Felicidades a todas las mujeres de mi vida, hoy, y todos los días.

Gracias por estar.